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Aniversario de la moción de censura: nada que celebrar

Bieito Rubido. El Astrolabio.

Da un poco de miedo la pérdida de calidad democrática que se ha operado en este trienio. Sánchez decidió traspasar todas las líneas rojas posibles para poder dormir en la Moncloa.

Nuestro colaborador, Bieito Rubido

Nuestro colaborador, Bieito Rubido

Hoy se cumplen tres años del triunfo de la única moción de censura que logró desalojar a un presidente en democracia en España. A tenor de lo ocurrido durante este trienio, no parece que haya nada que celebrar. Al contrario, da un poco de miedo la pérdida de calidad democrática que se ha operado en este período en nuestro país. Tenemos ahora mismo sobre nuestras cabezas de ciudadanos estupefactos la sombra de los indultos a los golpistas catalanes. Pero, fíjense que para mí eso, siendo grave, no es lo peor. Sánchez, por mantenerse en la Moncloa, ha cedido a situaciones ciertamente inquietantes como las que se viven en Navarra, Valencia o Baleares. Ha aprobado una ley de educación absolutamente abrasiva y sigue desmontando todos los contrapesos que funcionan en una democracia. En realidad, su presencia en el Gobierno es muy perturbadora para cualquier español que tenga un mínimo de información, más allá de la propaganda.

Hoy tenemos ya algunas respuestas a los interrogantes que muchos nos planteábamos aquel 31 de mayo de 2018. Hoy sabemos, por ejemplo, que ese párrafo, la «morcilla» de José Ricardo de Prada en la sentencia de centenares de folios de la Gürtel era extemporáneo, innecesario y no ajustado a derecho. También averiguamos que el pago al apoyo del PNV no era otra cosa que el acercamiento de los presos etarras y el traspaso de la competencia de prisiones. Como también nos percatamos de que la denominada «mesa de diálogo» con los independentistas y el posible indulto a los golpistas era otro de los pagos que Sánchez deberá atender por haber contado con los votos favorables que harían que aquella moción saliese adelante. Como también huele a recompensa por el mismo motivo el nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general del Estado.

Es decir, Sánchez había decidido traspasar todas las líneas rojas posibles para poder dormir en la Moncloa. La verdadera razón de aquella iniciativa de los socialistas para desalojar a Rajoy del poder no fue, por tanto, una sentencia judicial, sino la instrumentalización del texto de De Prada para un beneficio personalísimo, que nada tenía que ver con la voluntad y el interés general de la ciudadanía española.