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Cada loco con su tema

 

La pandemia se lo está llevando todo por delante. La ilusión y las ganas, pero sobre todo la reacción y el impulso. Me explico: el desconcierto social generado por el Gobierno de la Nación y las 17 Autonomías con sus decisiones político/sanitarias, unido a la lluvia de información desordenada que escupen a diario los medios, han provocado el hastío y la desconfianza del ciudadano que, preso del desconocimiento, camina dando bandazos por el escenario de la enfermedad.

Sin enjuiciar las decisiones de los expertos sanitarios -Dios me libre- y sin entrar a valorar a fondo -que podría- el nivel de incultura o improvisación de nuestros jóvenes políticos, de derechas o izquierdas, todos ellos de escasa cintura, afirmo sin lugar a duda que algo se está haciendo mal en España.

El sector empresarial se hunde y detrás la economía de un país muy latino y divertido que se viste casi al completo con el turismo y el sector servicios.

La gente, la “pípol” que diría Ana Botella, se ha convertido en carnicera de la actualidad, esto es, hoy corto por aquí y mañana por allá. El lunes me cierran el perímetro y el martes me lo abren. El miércoles cambio de mascarilla y el jueves me la quito en una terraza. Al día siguiente, estamos de viernes, y el fin de semana, la comparecencia de Sánchez. Y así no hay quien viva. El debate está en los bares y en la calle. Nunca hubo tanta sustancia informativa para los medios de comunicación. Nunca tanta chasca para solucionar en bares y oficinas.

 

Pero lo cierto es que la caída de la economía es libre y a gran velocidad. El paro aumenta, la deuda pública se dispara a casi el 120% del PIB y el déficit, la diferencia entre ingresos y gastos roza el 14,1% del Producto. O sea que, con estos datos, la recuperación económica de España (antes COVID) no llegará como mínimo hasta el 2023, según advierten los analistas internacionales. Ante este panorama, los empresarios españoles creen cada vez menos en la economía o, mejor dicho, en aquellos que la gestionan. No es para menos.

¿Dónde están las poderosas patronales? las que, sobre el papel, no solo representan a las grandes, sino también a las Pymes y micropymes (casi 3,4 millones) y a los poco más de tres millones de autónomos que soportan las crisis con la cara por delante. ¿Por qué no protestan? ¿Qué tipo de sustancia alucinógena o hipnótica ha invadido su ADN? El sector empresarial se hunde y detrás la economía de un país muy latino y divertido que se viste casi al completo con el turismo y el sector servicios.

España necesita colaboración, unión, esfuerzo, decisiones administrativas con empaque y medidas cohesionadas en un espacio europeo. Cuando los problemas son globales, las soluciones deben ser prioritarias, sin tintes de mediocridad política, sin intereses partidistas y sin medallas de oro. Cuando los problemas afectan a la sociedad en conjunto (y hoy más que nunca es así), esa sociedad es la depositaria al ciento por ciento de los aciertos y errores de los que gestionan el conflicto. Pero, ojo, si la sociedad no encuentra ayuda en los estamentos que la gobiernan y la regulan, tratará de salvarse por sí misma.

Estamos a tiempo. Y el paracaídas no solo se llama Europa. Se llama gobernar con criterio y unidad.

Fernando Arnaiz

Secretario General de la AEAE

 

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