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Lo que se esconde tras los indultos

Bieito Rubido. El Astrolabio.

Si Sánchez decide indultar, en contra del criterio del Tribunal Supremo, a los golpistas catalanes traicionará a todos los españoles. El presidente solo lo hará por una razón: su permanencia sobre el colchón en el que duerme en La Moncloa.

Nuestro colaborador, Bieito Rubido

Nuestro colaborador, Bieito Rubido

Ni la historia ni la ciencia jurídica justifican la aberración legal y moral que Sánchez pretende perpetrar al indultar a los golpistas catalanes en contra de la opinión del Tribunal Supremo. Tampoco lo va a comprender la mayoría de los españoles. Ni arregla absolutamente nada con ello, salvo una cosa: su permanencia sobre el colchón en el que duerme en la Moncloa. No se engañen, no hay otro motivo. La cuestión es así de prosaica. Ni se soluciona con ello el problema catalán, ni se avanza en la profundización de la democracia, ni nada de nada de la mística y épica huecas que nos quieren vender. Lo que realmente se esconde tras la impostura moral de indultar a unos delincuentes, que ni se arrepienten ni tienen propósito de enmienda, es el mantenimiento del apoyo parlamentario al Gobierno más débil de los últimos cuarenta años.

Hay una segunda explicación a la felonía que hacia el pueblo español va a llevar a cabo Sánchez: la debilidad. Bajo esa apariencia autoritaria y su sobreactuación, el actual Gobierno es básicamente un Ejecutivo débil, y el enclenque moral es el que con más facilidad traiciona. De llegar a producirse el indulto a los golpistas catalanes, estaríamos ante una traición al pueblo español, al conjunto de la ciudadanía. Seguramente Sánchez ya da por perdidas las próximas elecciones, porque dudo mucho que esa temeraria decisión le haga ganar ni un voto en el resto de España y creo que incluso en Cataluña la renta va a ser escasa.

El político leal al proyecto de convivencia y democracia que los españoles nos dimos en 1978 será el vencedor en esta historia. Aquí no hay ni que compadecer al delincuente, como proponía Concepción Arenal. Al contrario, hay que acudir a Julio César para decir que todos, de una u otra manera, aborrecemos al traidor, por eso Roma nunca les pagó.