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Nuevas fórmulas para la formación empresarial

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LEOPOLDO ARNAIZ. VICEPRESIDENTE DE LA AEAE.

Si tenemos en cuenta la dificultad de vincular las características del empresario y la cultura que tienen, o que deben tener  los emprendedores como personas curiosas, trabajadoras, disciplinadas, con iniciativa personal y la aceptación de su propio riesgo, con lo que piensan hoy día una amplia mayoría de nuestros jóvenes a la hora de enfocar su vida profesional, influenciados en gran medida por la importancia que le dan a la cultura del ocio y el entretenimiento, habría que pensar seriamente en introducir algunos conceptos nuevos en la formación empresarial para hacer compatibles ambas culturas.

Cualquier nuevo enfoque debería producirse en un marco de “innovación”, en consonancia con la influencia que está teniendo en muchas actividades humanas, considerando la innovación como una nueva “forma de hacer”, pero sobre todo una nueva “forma de ver las cosas”. Los criterios innovadores a aplicar en la formación empresarial para hacer más visibles las soluciones al problema, se deberían centrar en dos aspectos fundamentales:

El primero es de “carácter conceptual”. El ocio tiene como finalidad más significativa la “distracción que comporta” y el entretenimiento, la “diversión que se persigue”. Ambos, en muchas ocasiones, se realizan en grupos conformados por personas que comparten aficiones, y lo suelen hacer además con un barniz de modernidad, como es el espíritu deportivo, incluso con espíritu de competición entre unos y otros, para ver quien tiene más ocio o quien consigue más entretenimientos, con el resultado inevitable de generar envidias, más destacadas en las épocas de juventud y de inmadurez.

Pues bien, la formación empresarial debería atender los aspectos descritos para buscar confluencias, y no para poner de relieve aparentes contraposiciones, que hoy podrían achacarse a cada uno de los dos comportamientos como si fuesen modelos antagónicos.

La creación de las empresas y el desarrollo de muchos proyectos tienen también un componente de espectáculo constante, pues permiten conocer gentes distintas y experiencias interesantes. Incluso los viajes de trabajo, que acercan a otras culturas donde se visualizan aspectos diferentes a los exclusivamente turísticos, con un componente humano muy enriquecedor que se debe apreciar como un aspecto de distracción muy propio de las actividades empresariales.

Por supuesto que debemos tener en cuenta la importancia que, para cualquier actividad humana, tiene compaginar el trabajo con el ocio, y lograr con ello el mayor equilibrio emocional de las personas, sea cual sea su género. Pero en el caso de la actividad empresarial o emprendedora, deberíamos destacar que los trabajos que se realizan suelen estar impregnados de componentes de ocio y de entretenimiento significativos, y que siempre se realizan con espíritu deportivo, logrando con ello tener una gran semejanza con las culturas más modernas. 

Un ejemplo concreto de este componente, se podría referir al espectáculo que conllevan las actividades de ocio. La creación de las empresas y el desarrollo de muchos proyectos tienen también un componente de espectáculo constante, pues permiten conocer gentes distintas y experiencias interesantes. Incluso los viajes de trabajo, que acercan a otras culturas donde se visualizan aspectos diferentes a los exclusivamente turísticos, con un componente humano muy enriquecedor que se debe apreciar como un aspecto de distracción muy propio de las actividades empresariales. También tienen un componente de entretenimiento y diversión cuando se realizan propuestas y nuevas ideas que permiten disfrutar con ensoñamientos futuros.

En todos ellos existe la necesidad de competir, lo que obliga al empresario a incorporar un espíritu que le permite asumir con “deportividad” las pérdidas y las equivocaciones, por ser ambas una realidad inexorable en muchas actuaciones y un elemento significativo y consustancial al espíritu empresarial.

Por lo tanto, se trata de considerar estas contraposiciones como deficiencias de educación en la forma de percibir y enfocar el trabajo creativo del emprendedor y del empresario. Los componentes descritos con anterioridad de ocio y entretenimiento deben incorporarse a las características del espíritu empresarial, por lo que sería muy oportuno inculcar estos matices en la formación de los jóvenes empresarios.

También es importante destacar la constitución de equipos humanos en la gestión de las empresas, como una concepción especial de vinculaciones personales. Las personas que conforman el grupo de trabajo de un proyecto, sin ser familia, ni exactamente amigos, mantiene ciertas similitudes a ambas características, pues quienes lo integran se ayudan mutuamente, generan afectos y luchan entre todos para lograr los resultados empresariales que se persiguen, produciéndose afinidades que para algunos se convierten en aficiones comunes.

El segundo aspecto que debemos considerar en las nuevas fórmulas de formación empresarial es de “carácter práctico”, utilizando las nuevas tecnologías en el marco de la empresa. 

La formación empresarial, como cultura imprescindible a divulgar, se debería centrar en la utilización de estas nuevas tecnologías, porque permiten exponer una amplia diversidad de enfoques formativos dirigidos a los jóvenes.

Actualmente, el elemento más significativo para lograr la penetración de ideas y conocimientos en la sociedad es la comunicación moderna, que está avanzando exponencialmente gracias a la telecomunicación que está revolucionando el mundo. Es una forma rápida de comunicarse como consecuencia de su gratuidad, inmediatez y universalidad. De hecho, el conocimiento científico se ha popularizado, creando infinidad de personas que aprenden de forma casi autodidacta.

La formación empresarial, como cultura imprescindible a divulgar, se debería centrar en la utilización de estas nuevas tecnologías, porque permiten exponer una amplia diversidad de enfoques formativos dirigidos a los jóvenes. Además, facilitan la creación de una cultura conformada por aspectos ya reseñados en artículos anteriores, como el conocimiento específico de algunas necesidades para el correcto funcionamiento de una empresa, que se debe concretar de forma intuitiva, y no son patrimonio exclusivo de este ámbito, sino que responden a cuestiones de cultura general para cualquier profesional que quiera acercarse a la actividad empresarial.

Por otro, existen aspectos que se deben exponer por considerarse muy significativos para el aprendizaje de los jóvenes como futuros empresarios, o para adquirir el espíritu empresarial que se necesita para ser buenos ejecutivos de empresa. La tecnología permite llegar de forma práctica y rápida a cualquier lugar del mundo, con cualquier situación económica y social, canalizando una educación que priorice la adquisición de un espíritu empresarial que puede y debe convivir con la cultura del ocio y el entretenimiento.

Por último, quiero destacar que la incorporación en la educación del empresario y del emprendedor de conceptos tan modernas como el ocio, el entretenimiento o el deporte, es perfectamente compatible con otros más tradicionales como la ambición, la disciplina, el rigor, la dedicación, la iniciativa y el riesgo, ya que todos ellos son imprescindibles para el desarrollo de la actividad de las empresas.